
Traducción Amlac.
Del 14 al 30 de noviembre del 2011, Jack e Irene Suderman junto con Bert Lobe participaron en una serie de talleres de entrenamiento con lideres de la Iglesia Menonita Asiática y los Hermanos en Cristo en varios lugares de India. Estas sesiones fueron patrocinadas cojuntamente por el Congreso Mundial Menonita y el Mennonite Christian Service Fellowhip de India. Después de regresar a casa de Canadá, Jack reflexionó sobre una cuestión que empezó a crecer en él, y del que habla en esta columna.
A principios de diciembre del 2011, Irene y Yo asistimos a la Iglesia Menonita de Haarlem, justo en las afueras de Amsterdam. Esa congregación comenzó como una “iglesia escondida” en el año 1530, seis años antes de la conversión de Menno Simons al anabautismo. Adorar allí fue una experiencia conmovedora. Una de las razones era la nota en la puerta indicando que ésta era la congregación que nutrió a Thieleman J. Van Braght, el menonita holandés que le regaló al mundo su compilación El Espejo de los Mártires, publicada por primera vez en 1660. Aquí es donde el asistía.
Su importante labor ha inspirado a muchos en todo el mundo, y ha proporcionado una visión, un “espejo” de identidad para los anabautistas de todo el mundo. Me pregunto si se habrá sentado en el mismo lugar en el que yo estaba sentado, escuchando un sermón que culminaría con una significativa Cena del Señor con nosotros adorando aquí.
Yo estaba sorprendido por como esta experiencia en los Países Bajos dio vida a lo que hube visto y escuchado durante las tres semanas antes de llegar allí. Recién volvíamos de India, donde habíamos trabajado junto con líderes de la Iglesia Menonita e Iglesia de los Hermanos en Cristo de nueve países asiáticos. Estos líderes querían fortalecer su entendimiento sobre los anabautistas y su contribución potencial en el contexto actual.
Posterior a este taller con líderes asiáticos, comprometimos a los líderes de las diez iglesias miembros del CMM de India y Nepal, también bajo el tema “El anabautismo en una sociedad multi-cultural”.
Entre las otras cosas que experimentamos en estas actividades fueron los testimonios de hermanos y hermanas de la India, Nepal, Myanmar, Corea del Sur, Indonesia, Filipinas, entre otros. A menudo estos testimonios incluían referencias a la constante lucha de la iglesia, el sufrimiento de sus líderes en pos de un evangelio de paz, la quema de templos, la captura y liberación de líderes de la iglesia por varios revolucionarios y/o fuerzas del gobierno. Escuchamos la horrenda historia de un pastor de la India (no relacionado con el CMM), que fue llevado de vuelta a su casa, y en el medio de la audiencia obligada de sus doce hijos y esposa, fue decapitado en la sala de estar por la mafia que lo había capturado.
En el reporte de su viaje, Bert Lobe escribió: “Los proyectos de ley anti-conversión están pendientes en los estados hindúes de Orissa, Jharkhand, Chhattisgarh, Bihar y Tamil Nadu. Nos dijeron al menos tres veces que cualquier mayor de 18 años que desea bautizarse debe presentar una declaración jurada ante el Comisionado del Distrito solicitando permiso.”
Estos testimonios me recuerdan de otros testimonios que escuché: de América Latina, África, la ex Unión Soviética y el Medio Oriente. Estas histories, a su vez, me recuerdan historias de mi propia infancia: las historias de nuestros abuelos, y el sufrimiento de los menonitas, que a menudo condujo a la migración y la separación de familias.
También me recuerdan a Van Braght, y su fiel ministerio de documentar y contar las historias de los mártires. ¿Ha llegado el tiempo de documentar y relatar las historias de los anabautistas que experimentan sufrimiento y persecución accesible a la vida de la iglesia y el mundo?
El CMM está finalizando el ambicioso “Proyecto de Historia Global”, un esfuerzo significativo para contar la historia de nuestra iglesia desde la perspectiva de cada continente. Este es un recurso importante.
Sin embargo, todavía hay muchas historias no contadas, y muchas de las historias que aún no han sido escuchadas. Sobre todo están los espejos de los mártires de la fe contemporáneos.
La obra de Van Braght se centró principalmente en el siglo XVII y principios del XVI. ¿Es ya tiempo de comenzar desde el otro final-comienzo con el siglo XXI, e ir hacia atrás tanto como nuestra capacidad y financiamiento lo permitan? ¿Tal vez podemos al menos contar las historias del siglo XX y XXI? Si lo hiciéramos, este proyecto aún dejaría un hueco de 350 años, pero nos permitiría comprender la experiencia de nuestra iglesia, especialmente en su traslación a otros idiomas, culturas, continentes y países. Estas historias merecen ser contadas y documentadas. Necesitan ser escuchadas y digeridas. Necesitamos comprenderlas y luchar con lo que nos enseñe para que nuestra fidelidad como iglesia anabautista en el mundo continúe.
Robert J. Suderman